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Bienvenido a San Miguel de Allende

Al país de México tenemos que enseñarle muchas cosas, pero también, hay que aprender otras muchas de él.

Y fíjate que una de las que más me gusta es dar un valor añadido a sus pueblos. Me explico, en todo México hay pequeños pueblos que tienen unas características en común: son pequeños, tienen un encanto especial, han formado parte de hechos históricos, poseen una gastronomía única o simplemente tienen lugares que son dignos de conservar.

A todos estos pequeños pueblos se les nombra como Pueblos Mágicos, un reconocimiento que ayuda al pueblo a atraer turismo y así poder conservar todas esas características únicas que tiene.

De momento hay 111 Pueblos Mágicos repartidos por todo el territorio y aprovechando que estamos en Querétaro vamos a ir a conocer uno de ellos.

Uno de los 111 y el tercero del mundo.

Primero es el peñón de Gibraltar, después viene el Pan de Azúcar en Brasil y el tercer monolito de roca más grande de la tierra es la Peña del Bernal, en México.

Lo cierto es que impresiona, parece un trozo de piedra colocado de forma artificial pero lo cierto es que lleva más de 10 millones de años en ese mismo lugar.

Todo apunta que procede de un volcán que se volvió inactivo, la lava de su interior se solidificó y con el paso del tiempo dio lugar a esta gran piedra.

Se calcula que pesa 20 millones de toneladas en los 350 metros de altura que tiene. La última curiosidad es que la palabra bernal procede del árabe, los españoles la utilizaban para nombrar piedras gigantes que se encontraban por el camino.

Ya puestos en situación decir que el pueblo bien merece una visita, todo todo son casas bajitas de no más de dos pisos y cada una pintada de un color diferente.

Sus calles bien cuidadas, tiendas de artesanías, puestos callejeros de comida y siempre que miras hacia arriba ves la peña, la roca gigante que hace que el Pueblo se convierta en Mágico.

No creo que vuelva a este lugar nunca más, por eso no quiero perder la oportunidad de subir al tercer monolito más grande del mundo.

La subida no es sencilla, es más bien complicada y dura. Siempre hay que tener presente que todo esfuerzo tiene recompensa y  que desde las alturas todo parece más bonito.

Y pasamos de un Pueblo Mágico a un Patrimonio de la Humanidad. Nuestro último día en el estado de Querétaro lo decimos pasar en un “must” de México.

San Miguel de Allende, id a San Miguel de Allende, tenéis que visitar San Miguel de Allende, estoy seguro que más de quince personas nos dijeron de ir a conocer San Miguel de Allende y casi por obligación, allí fuimos.

Aunque lo cierto es que casi no llegamos. La historia comienza en el bus de ida, todo iba bien hasta que se para en el arcén derecho de la carretera.

Al principio pensaba que se trataba de una parada normal, pero cuando ya había pasado más de media hora comencé a sospechar que algo malo pasaba.

Nadie nos decía nada, seguíamos sentados en el asiento viendo los coches pasar mientras nuestra preocupación iba aumentando.

Casi a la hora nos mandaron bajar a todo el bus, justo detrás nuestro había llegado otro, estaba lleno de gente, no habían lugares libres…

Parece que ese pequeño detalle no importaba porque nos hicieron subir a todos, da igual que no hubiera espacio, en el nuevo bus nos juntamos los que ya estaban con los que veníamos del otro bus.

Una hora de camino enlatados pero al final llegamos a nuestro destino, aunque más de una hora tarde.

Eso suponía tener menos tiempo para visitar la ciudad, corriendo fuimos directos a su impresionante parroquia de San Miguel Arcángel.

Una iglesia neogótica del siglo XVII conocida por sus altas torres de color rosado y que se ha convertido en el símbolo de la ciudad.

Creo que es lugar donde más turistas he visto en México, gente de todas las partes del mundo que se quedaban mirando los espectáculos que había en la plaza principal.

San Miguel de Allende es un lugar para disfrutar, pasear tranquilamente por sus calles, entrar a todos los lugares, admirar su arquitectura colonial, disfrutar de los espectáculos callejeros y de la música en vivo y entender porque la ciudad está declarada Patrimonio de la Humanidad.

Todo lo contrario a lo que hicimos nosotros, los imprevistos del viaje hizo que lo único que pudiéramos disfrutar realmente fue de su gastronomía.

No acabo de entender porque los mercados son los lugares menos turísticos de las ciudades, con lo que me gustan, con todo lo que se aprende en ellos y todo lo que se disfrutan.

Así que siempre que puedo me acerco a uno de ellos, en está ocasión fue para comer unas quesadillas, comida típica de cualquier zona de México pero con sabores diferentes dependiendo de cada lugar donde las comas.

Para acabar con el fin de semana teníamos que volver, y sí vinimos en BlablaCar, de la misma forma nos teníamos que ir.

Sigo pensando que cada persona podría escribir un libro sobre sus viajes y ninguno, absolutamente ninguno tendría desperdicio.

Son tantos los imprevistos, esas anécdotas que te pasan solo a ti, esas historias o curiosidades que solo ocurren cuando viajas y que siempre recuerdas con alegría cuando ya ha pasado un tiempo. Estoy convencido que todas son dignas de quedar escritas en una hoja y no estar solo  presentes en la memoria.

Una de estas historias pasa cuando recibes un whastapp de la persona que te va llevar en BlablaCar.

¿Hay algo más anecdótico que contratar por internet un viaje y sin saberlo,  sin conocer al conductor te escriba diciendo que pertenece al mismo país que el tuyo? Sobre todo cuando estas a más de 10.000km de tu casa, cuando en todo México viven 127 millones de personas, cuando hace el mismo recorrido que tú, en el mismo día y a una hora casi igual.

Ese es Victor, de Jerez de la Frontera, su vida no merece un libro, merece una novela. Se graduó en fisioterapia y decidió dejarlo todo y venir a buscarse la vida a México.

Hace siete años que dejo su casa, sus amigos y su familia a un lado para intentar buscar su sueño y vivir haciendo lo que le gusta.

Los comienzos no fueron fáciles, estuvo trabajando dos meses sin cobrar, el esfuerzo tuvo su recompensa y pasado ese tiempo lo contrataron como fisioterapeuta en un equipo de fútbol.

Monterrey fue su primer lugar, Hermosillo otro de sus lugares, seis meses viviendo en Brasil y siempre trabajando con equipos de fútbol y siempre haciendo lo que le gusta.

Ahora se encuentra en el Pachuca, bajo las órdenes de Pako Ayestarán, un entrenador español. Le gusta, está contento.

A veces hay que salir de casa para buscar, encontrar tu lugar, luchar por lo que de verdad quieres.

Los inicios nunca serán fáciles pero la recompensa siempre será lo mejor.

Gracias por ese viaje que no estará escrito en ningún libro pero siempre estará presente en mi memoria.

Ya lo he comentado alguna vez, fuera de España los españoles nos ayudamos entre nosotros, siempre hacemos lo posible para echarnos una mano y hacer de la estancia en otro país lo mejor posible

A Victor le voy a seguir la pista, espero verlo dentro de unos años en algún equipo importante de España. Pero mientras yo esté en México le voy a seguir viendo, aunque sea desde la grada del estadio de futbol del Pachuca.

Gracias por esas entradas, te espero en casa, en España.

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