Praga, ahora o nunca. #8 www.SiguienteViaje.com
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Praga, ahora o nunca #8

Durante todo el tiempo la vida nos pone retos: aprender a caminar, aprender a leer, encontrar un trabajo…

Y nosotros poco a poco, día a día, los vamos superando.

En este viaje ocurre exactamente igual, tenemos la meta de cruzar toda Europa en autostop hasta llegar a España.

El camino no importa, mientras lleguemos, la ruta a seguir es totalmente indiferente.

Entonces, si tengo tantas ganas de ir a un sitio ¿por qué no puedo ir?.

El sol ya entraba por la ventana cuando el reloj marcaba las 6 a.m.

Temprano nos plantamos en la salida de una gasolinera para intentar llegar hasta nuestro nuevo destino. En este caso Dresde, en Alemania.

La dificultad a la hora de hacer autostop se ve incrementada a medida que nos vamos acercando a España.

Ya lo llevamos viendo desde hace tiempo, pero ahora parece que se va confirmando.

Casi una hora viendo pasar coches hasta que Cristopher nos ayudó con 40 kilómetros aproximadamente.

A veces las personas intentamos hacer las cosas para ayudar a los demás pero en vez de ayudar, lo que conseguimos es darles problemas.

Esto nos pasó con Cristopher y Luca.

Con Cristopher ocurrió que nos dejó en la única carretera de toda Polonia que no circula ningún coche.

Lo de Luca no fue su culpa, después de ser el tercer coche que veíamos en 20 minutos decidió parar y acercarnos otros pocos kilómetros.

El problema vino cuando se equivocó de salida y nos tuvo que dejar en una curva de entrada a la autopista.

Yo ya me veía haciendo noche allí. Solo un loco pararía al lado de una curva de aceleración de entrada a la autopista por donde más coches circulan de todo el país.

Pero el loco hizo acto de presencia.

La única vez que he pasado miedo haciendo autostop. Creo que nunca había ido a tanta velocidad en un coche.

Las autopistas de Polonia, en algunos tramos, la velocidad permitida es de 140km/h.

Lo que no entiendo es porqué él iba a 180km/h durante los 90km que duró el trayecto.

El mal rato que nos hizo pasar se lo perdono porque nos dejó en el mejor sitio posible, la última área de servicio antes de cruzar la frontera a Alemania.

Carmen siempre dice que cuando tenga dinero se quiere comprar una caravana para recorrer el mundo.

Viajar con la casa acuestas, recorrer kilómetros y cruzar países como ellos.

Una pareja que comenzaron su viaje en Nueva Zelanda y dentro de 5 semanas tienen pensado llegar a España.

Es una pena que no me acuerde de sus nombres, pero si que me acuerdo de todas las historias, anécdotas y aventuras que nos explicaron.

Una última foto de recuerdo junto con un gran gracias y deseándoles lo mejor en su gran viaje.

Y ahí estábamos, en la ciudad de Dresde, en la gran y poderosa Alemania.

En ese momento teníamos dos problemas, el primero y más importante que era muy temprano. No era hora de comer aún y el día se podía hacer muy largo si le sumamos el segundo problema, no teníamos alojamiento.

Hay cosas que haces todos los días, otras solo unas pocas veces en la vida. Yo creo que cruzar Europa en autostop pertenece al selecto segundo grupo.

Llevábamos tiempo queriendo ir a Praga, sí es cierto que era dar un paso atrás en el viaje. Pero a veces hay que retroceder para volver con más fuerza.

¿Qué son 200 kilómetros si queremos hacer más de 5mil durante toda el viaje?

Pero lo más importante, sentía que si no iba a Praga, me estaría arrepintiendo toda la vida.

Quizá no era la mejor decisión, ni la mejor idea y cruzar desde Alemania sería mucho más complicado que si lo hubiéramos hecho desde Polonia.

Era la última opción que teníamos y quien no arriesga no gana.

Comenzar hacer autostop en un nuevo país es como abrir un regalo sorpresa, nunca sabes si te va a gustar hasta que no lo ves.

Vaya regalo nos dio, probamos tres sitios distintos donde hacer autostop. El resultado negativo.

Empezamos a la hora de comer y hasta la merienda no decidió parar un coche.

Lo que más me llamó la atención, es que normalmente la gente cuando te ve haciendo dedo y con un cartel levantado, te hace alguna señal, te saluda o incluso algún simpático se atreve con la bocina.

En Alemania nada, ni un gesto positivo ni negativo, nada, como si no existieras.

No quiero ni acordarme del tiempo que pasamos allí hasta que dos chavales con 20 años recién cumplidos nos acercaron hasta la primera área de servicio de la Republica Checa.

Conoces personas, algunas de ellas se quedan el resto de tu vida y otras se van y ya no vuelves a saber nada más de ellas.

Una pareja mexicana se quedará dentro de nosotros para siempre. Una madre y su hija de 16 años pararon su coche en un área de servicio para amablemente acercarnos hasta la esperada, deseada y sufrida Praga.

Hablar el mismo idioma ayuda mucho, en 100 kilómetros nos intercambiamos la historia de nuestra vida y también los teléfonos móviles.

Praga querida Praga, después de levantarnos en Polonia y comer en Alemania, habíamos llegado a la Republica Checa y a su capital Praga.

Praga hay que visitarla, tiene tantas cosas que merecen la pena conocer que los dos días y tres noches que hemos pasado aquí no nos alcanzaron para ver todo lo imprescindible.

Pero siempre hay que dejar algo por visitar para tener alguna escusa para volver.

Lo de las ciudades grandes y el couchsurfing es un problema que vamos llevar durante el resto del viaje.

La primera noche nos acogió Kranthi y Svetla, una pareja de lo más curiosa, Kranthi es de la India y vino por trabajo a la Republica Checa donde conoció a Svetla, una chica polaca con la que comparte su vida y un pequeño apartamento donde nos alojó.

Con ellos solo pudimos estar unas pocas horas y el mayor tiempo fue durmiendo, así que no los pude conocer tanto como me hubiera deseado.

La segunda noche fue especial, Kranthi no nos podía acoger y el couchsurfing no daba resultados.

La noche se acercaba y cada vez era más seguro que íbamos a pasar la noche bajo la luz de la luna.

Pero cuando no te queda ninguna posibilidad siempre intentas agarrarte a un clavo ardiendo para encontrar una solución.

La última opción era escribirles un mensaje a la madre e hija que nos habían recogido en el último autostop.

Sin nada que perder, contactamos con ellas y esperamos la esperada respuesta.

Les estaré eternamente agradecido por acogernos aquella noche en su humilde apartamento de AirBnB que habían alquilado.

Si visitáis España, no contactéis con ningún AirBnB ni hotel, hablarnos a nosotros que allí nuestra casa es la vuestra. Gracias.

Y llegamos al presente, al día de hoy. Me encuentro sentado en una mesa del Burger King escribiendo nuestra biografía del viaje mientras rezamos para conseguir algún lugar donde alojarnos.

El tiempo se acaba, la noche se acerca y la tienda de campaña es la mejor opción. Sin couchsurfing y sin nadie al que pedirle un lugar donde dormir, parece que hoy, por primera vez en el viaje, toca dormir con la luna.

Todo se complica, dejando el problema con el alojamiento a un lado, el rechazo que obtuvimos en Dresde a la hora de hacer autostop nos hace presagiar duros momentos en la carretera.

De Praga me despido, no se si volveré a visitarla en un futuro pero no me arrepiento de haber hecho marcha atrás y gastar dos días de este increíble viaje para verla, conocerla y saborearla.

De capital a capital, Berlín la próxima parada.

Aquí se acaba el cuento por hoy, pero mañana o incluso esta noche continuará…

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