Poco a Poco Varsovia #5 - Cruzando Europa en Autostop
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Poco a poco Varsovia #5

Me estoy dando cuenta que en éste viaje hay dos tipos de días.

Los días de autostop con aventura, incerteza, paciencia, donde estás convencido que alguien parará su coche pero no sabes ni cuándo ni a dónde te llevará.

Y los días de visita turística, más tranquilos, sin prisas y todo programado para conseguir ver la mayoría de lugares.

¿Cuál prefiero? La alegría de ver como se detiene un coche no la cambio por nada, pero conocer nuevos lugares, con su historia, sus leyendas, sus curiosidades o sus anécdotas, creo que sin eso no podría viajar.

Y así vamos, día a día, corriendo pero sin prisa, sin prisa pero sin pausa, poco a poco que vamos lejos o cualquier otra frase motivadora que indique que hacer las cosas rápido no es la mejor opción.

Las 7:00 a.m. y con el desayuno ya preparado encima de la mesa, un penúltimo gesto de la buena de Virginija. El último fue recomendarnos y buscarnos un buen lugar donde poder levantar el dedo.

La estrategia de hoy era diferente, no se trataba de ir por el sitio más corto, sino por el lugar donde más coches pasaban.

Ese no era otro que la autopista de Kaunas, la cual cruza de norte a sur toda Lituania hasta Polonia, nuestro destino.

Para llegar a ella, teníamos que dar un pequeño paso atrás e ir de Vilna, su capital y donde nosotros estábamos hasta la segunda ciudad más grande del país, Kaunas.

La tarea no fue difícil, en 10 minutos ya estábamos con Marja, una mujer joven que viajaba por trabajo a Kaunas.

Tendría un buen recuerdo de ella si no nos hubiera dejado en mitad de la nada.

¿Recuerdas el milagro que nos pasó en Lituania? Imagínate un área de servicio de una autopista, una autopista donde cada 15 segundos pasa un coche a 120km/h.

Ahora, piensa que estás en Lituania, cerca de ningún lado y con un cartón que pone el nombre de un lugar que esta a X km.

¿Qué probabilidad hay de que un conductor a 120 km/h lea un cartel de 20cm. de alto por 30cm. de largo y que coincida con su destino?

Los milagros sólo pasan una vez y a nosotros ya nos pasó.

Pero por si acaso, lo volvimos a intentar durante aproximadamente 40 minutos hasta que nuestra razón pensó en buscar la parada de bus más cercana para intentar llegar a otro lugar donde, como mínimo, los coches fueran un poco más despacio.

Cogimos el primer autobús que paso y donde nos pareció bien, ahí nos bajamos.

El lugar no era malo, al menos conseguía ver la cara de todos los conductores que pasaban.

Y uno de los que pasó fue Garof. Iba de visita a ver a su mujer y cuando nos vió, decidió parar para llevarnos solo ocho kilómetros y dejarnos en un mejor sitio.

Y sí que fue bueno, porque en 10-15 minutos ya estábamos en la furgoneta de Kaptina dirección Polonia.

Madre de dos hijos, trabaja de asistenta, su marido se había ido hace 10 años a Islandia a trabajar y en un mes iba a ir a verlo por primera vez en todo este tiempo.

Sus padres estaban separados, su madre vivía en Marijampolé y su padre en Vilna.

Si te quieres enterar de la vida de los demás, solamente viaja en autostop jajaja

Kaptina nos dejó en la última ciudad antes de Polonia. Ahí, en una parada de bus aprovechamos para recuperar fuerzas y seguir con nuestro camino.

No teníamos prisa, pero dos minutos después, un gigantesco camión se detiene ante nuestros ojos.

Corriendo fui a preguntar cual era su destino, la respuesta no la entendí pero me daba igual, no quería saber donde iba, quería ir en camión.

Y ese camionero el cual no se el nombre nos hizo pasar uno de los mejores momentos del viaje.

Recorriendo kilómetros sin pronunciar palabra con el único sonido de la radio de fondo, conseguimos cruzar la frontera a Polonia.

Seguíamos recortando distancia, el paisaje verde de Polonia no incomodaba y ver a los coches adelantándonos se convirtió en rutina.

No sé como logramos entender que tenía que hacer una pausa de más de hora y media. Supongo que quien quiera entenderte te entiende.

Nosotros, sin ninguna prisa, decidimos esperarle y así se lo hicimos saber.

Él nos prestó su casa, su camión, para quedarnos dentro mientras descansaba en un bar.

Es cierto que nos extrañó volverlo a ver antes de tiempo, pero más nos extrañó que nos hablara en su idioma mientras movía la mano para que nos bajáramos del confortable camión.

¿Qué pasaba? ¿Había ocurrido algo? ¿Ya no nos quería llevar?

Él seguía haciendo gestos con la mano para que le siguiéramos.

Vamos a situarnos: Estás haciendo autostop por Polonia, un camión te para y un conductor que no habla nada de ningún idioma parecido al tuyo te dice con gestos que le acompañes.

¿Qué haces? ¡Síguelo!

Síguelo a todas partes porque quizá te enseñe algo tan bonito como me enseñó a mi.

Garof tardó más en ver a su mujer, Kaptina en volver a casa con sus hijos y todo por dejarnos en mejor lugar para continuar nuestro viaje.

El amable camionero nos dejó su casa y acortó su descanso para acompañarnos a ver un espectacular paisaje.

¿Y nosotros? Nosotros sólo hemos podido darles un gracias acompañado de una gran sonrisa.

No me parece justo ni suficiente. Algo tendré que cambiar.

Despacito, porque en camión se va despacito, recorrimos los 337 km que nos separaban hasta que llegamos a Varsovia, la capital de Polonia.

A las 8 de la mañana salimos y a las 9 de la noche llegamos. El mismo trayecto en avión se tarda una hora, en tren seis y trece horas a dedo.

Pero me pregunto cuantas líneas hubiera escrito si no hubiera viajado en autostop.

A todo esto, casi me olvido comentar que teníamos couchsurfing en Varsovia.

Piotr a primera vista no da mucha confianza. Un hombre alto, fuerte, corpulento y que te recibe con un vaso de vodka.

Luego nos explicó que era típico de Polonia recibir a la gente ofreciendo vodka, la primera impresión no fue buena pero luego se convirtió en un trozo de pan.

La segunda noche en Varsovia nos acogió una “española”. Marionela ha estudiado Ingenieria Ambiental y un año se vino de Erasmus a la bonita ciudad de Salamanca.

Nos estuvo explicando curiosidades de Polonia, como que en las comidas familiares, antes de empezar a comer todos se toman un buen chupito de vodka para según nos contó tener una mejor digestión.

Lo que más le llamó la atención de España, es que bebamos la cerveza en vasos pequeños y no en grandes jarras.

Seguro que lee estás líneas, así que muchas gracias Marionela y te prometo que cuando vuelvas a España, te voy a invitar a un pequeño vaso de dos litros de cerveza.

Y Varsovia se acaba pero Polonia sigue, próxima parada Cracovia. Todo el mundo habla bien de Cracovia y eso se ve repercutido en las ganas que tengo de conocer esta ciudad.

Quizá estemos más de dos noches y quizá también nos acerquemos al campo de concentración de Auschwitz. Pero como en este viaje el plan es que no hay plan, no sabemos cual será el camino a seguir, pero eso sí, siempre despacito.

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