El día que aprendí historia. - Cruzando Estados Unidos en Autostop
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El día que aprendí historia.

La historia, esa disciplina que según la RAE estudia y expone, de acuerdo con determinados principios y métodos, los acontecimientos y hechos que pertenecen al tiempo pasado y que constituyen el desarrollo de la humanidad desde sus orígenes hasta el momento presente.

Es importante saber la historia, aprender de ella, recordarla y mantenerla. Eso te permite conocer los errores del pasado para no cometerlos en el presente.

Esta historia comienza en Albuquerque, 4 noches en la ciudad de los Isotopos y punto de paso de la famosa ruta 66. La carretera la cual parece que vamos a seguir hasta que se desvié hacía Chicago y nosotros continuamos en busca de temperaturas por encima de los 0º.

Pero de momento, hasta nuevo aviso, continuaremos hasta nuestro próximo destino, Amarillo.

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Tengo la sensación que cada vez es más difícil encontrar un buen sitio donde hacer autostop aunque el sitio de hoy no era malo comparado con los futuros.

1 hora y media y un directo en Instagram después nos paró Cristian, hijo de familia emigrante de México sabe el suficiente castellano para mantener una conversación fluida.

Su viaje en autostop fue el más corto hasta el momento, solo 10 millas para salir un poco de la ciudad y poder continuar así con el día del autostop.

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Nos dejó en un lugar muy malo pensé, a primera vista era una entrada a la autopista después de un área de servicio por donde los coches pasaban a cuenta gotas.

Pero la realidad fue muy diferente porque al tercer coche que pasó por ese cruce ya estábamos subidos en él.

Sargento Jorge Alcaraz, hijo de otra familia emigrante y participante de las guerras de Irak y Afganistán.

Se encontraba en desempleo porque en la empresa donde había trabajado durante los anteriores 5 años le había echado por ser demasiado estricto.

Nos explicó la historia reciente de los Estados Unidos, su perfecto castellano hacía que entendiéramos cada frase que contaba de sus recuerdos.

Yo me quedo con algunas anécdotas, como cuando narro que era francotirador en Afganistán.

– Ni un tiró fallé – dijo orgullosamente.

Pero sin duda me quedo cuando dijo que no sabía porque estaba en la guerra de Irak, no tenían personas que luchaban contra ellos, pero aun así recibía ordenes de matar.

En su coche tenía un libro, “No es un buen día para morir: La historia no contada de la operación anaconda”  del autor Sean Naylor donde explicaba la operación Anaconda del año 2002, en ese libro, justo en la página 260 aparecía su nombre, Jorge Alcaraz, sargento Jorge Alcaraz.

Contó que le echaron del ejercito por consumir sustancias ilegales, ahora busca una remuneración económica de su país por haber luchado por la defensa y beneficios del estado.

Tengo muchas pequeñas historias más, pero me las guardo para cuando escriba un libro en el que también mencionaré a Jorge y donde cuente esta guerra personal para conseguir cruzar todo Estados Unidos en Autostop.

Moriarty es el pequeño pueblo donde nos despedimos, el deseo de suerte fue mutuo y las gracias solo por nuestra parte.

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Otra gasolinera fue el punto de partida, una partida que empezaba desde cero y a solo 42 millas de Albuquerque y 3 horas de viaje de Amarillo.

Sufrimos haciendo autostop en aquel lugar, un enorme vendaval surgió sumado a las partículas de tierra que arrastraba hacia una verdadera aventura levantar el dedo en aquel pequeño sitio.

Aquella entrada a la autopista era prácticamente nula, podíamos estar hasta cinco minutos sin ver ningún coche, y los que veíamos eran grandes camiones sin un lugar donde parar.

Sabemos que las armas son legales en USA, pero lo que no teníamos presente es que estuvieran tan a la vista y mucho menos que nos la enseñaran antes de subir a un coche.

Un padre y un hijo se detuvieron después de 45 minutos de lucha contra el viento. Cuando vimos el coche nos acercamos, le preguntamos su destino y si podía llevarnos.

Señalo la pistola, y nos dijo que nos podía llevar hasta Santa Rosa.

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El trayecto fue de aproximadamente una hora, no hubo nunca ni una palabra acerca del arma, nos preguntó sobre nuestro viaje y al final incluso nos preguntó si queríamos comida.

Creo que ese gesto fue una medida que utilizo para protegerse las espaldas. Para nosotros ese hombre con la pistola fue la salvación. Consiguió sacarnos de allí y llevarnos hasta Santa Rosa.

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Y llegamos a Santa Rosa, todavía nos quedaban 2 horas y media de camino y sobrepasaban las tres de la tarde.

Tenía mala pinta el día, entre nosotros ya pensábamos en buscar un lugar donde pasar la noche pero hasta que el sol no se vaya todavía hay esperanzas de que alguien pare.

A la entrada de otra autopista nos colocamos, comimos unos sándwich y esperamos una hora aproximadamente hasta que un camión paró.

En mitad de la carretera se detuvo, y sin mediar palabra nos dijo que nos llevaba hasta amarillo. La conversación no fue nada especial si la comparamos con las anteriores, pero el favor de llevarnos 150 millas hasta Amarillo fue el mejor regalo del duro día.

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David, era muy importante llegar hoy hasta amarillo porque David se había ofrecido a acogernos gracias a Couchsurfing.

Nos contaba su trabajo, un hospital solo para afectados de la guerra, ellos no pagan seguro:

– Si tu vas a cualquier guerra defendiendo el país y te hieren, tienes la sanidad pública – nos contó.

Los dos días y tres noches que estuvimos en Amarillo, dio para visitar un poco la ciudad. Yo la llegué a considerar como una ciudad de película americana.

Las casas bajitas con una canasta a la entrada de la cochera y un jardín perfectamente cortado, el transporte público casi inexistente y el coche como único método para moverse.

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El camino continua, y hoy sí que ha llegado el momento de dejar la ruta 66 y bajar hacía el sur del país.

Un frente frío se aproxima y las lluvias sumado con las bajas temperaturas harían imposible continuar con el Autostop por unos días.

Por eso, decidimos acelerar e intentar llegar a Dallas.

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