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Bienvenido a Ciudad de México

El jet lag hizo acto de presencia y a las 6 de la mañana ya teníamos los ojos despiertos y el cuerpo activo.

El menú de hoy trata sobre la Ciudad de México, la capital del país. El lugar donde viven más de 22 millones de personas siendo la ciudad más poblada de América.

El currículum es envidiable: Cuatro lugares declarados patrimonio de la humanidad, el único castillo y la primera calle de América se encuentran aquí. La segunda ciudad con más museos del mundo justo por detrás de Londres. Sé fundo en 1325, fue capital del Imperio Azteca y, entre muchas otras cosas, posee el segundo santuario católico más visitado del mundo.

El primer golpe cultural lo encontramos en la puerta del hostal, decenas de puestos de comida se amontonaban de forma estratégica mientras las personas esperaban su turno para tomar la primera comida del día.

Tacos al Pastor, tacos de res, tacos de cabeza, tacos de pata y otros numerosos tipos de tacos se anunciaban en las paradas.

Dejamos a un lado los puestos callejeros y nos acercamos a un bar para desayunar algo más europeo.

Acabamos pidiendo enchiladas con frijoles y queso, zumo de naranja con papaya y un café con leche.

Nos olvidamos del aspecto de la comida y le dimos el primer bocado y casi el último. Segundo choque cultural, aquí todo lleva picante, hasta el desayuno. Y claro, tonto de mí cuando pedí enchiladas, qué cómo su nombre indica lleva chile, y no precisamente de los que pican poco.

Sentí ese ardor en la boca, garganta y estómago, ese sudor frío por todo el cuerpo mientras no podía parar de beber café, zumo, café, zumo y no servía para nada, el picante seguía conmigo, los ojos se empezaron a llenar de lágrimas y en la boca seguía con la sensación de tener fuego dentro de ella. Qué mal lo pase.

Y bienvenido a México pensé.

Con el estómago lleno comenzó nuestra visita por la ciudad, y lo cierto es que hay tantos lugares que visitar que yo recomiendo reservar algún tour, ya sea una visita guida más personalizada o este Free Tour ¡Gratis!

Zócalo

El primer cara a cara con la ciudad llegó de la mano del Zócalo o la que dicen que es la segunda plaza más grande del mundo.

Y la verdad que si es grande, muy grande, a veces demasiado grande.

No hace falta decir que la visita es imprescindible, no solo por la plaza, sino por la cantidad de atractivos que hay que conocer en el lugar.

Una cosa que me llamo la atención era la cantidad de policía que había en el lugar, 7, 8 o 9 coches de hasta seis policías colocados de forma estratégica por la plaza.

De manera imaginaría daba la sensación que estaban escoltando a todas las personas que allí se amontonaban, más tarde entendí que la policía da sensación de seguridad, contrario a lo que ocurre en España, cuanta más policía significa que algo pasa, y no precisamente bueno.

Después de las típicas fotos con el letrero de “CDMX” seguimos la visita hasta la Catedral Metropolitana.

Catedral Metropolitana

Otro icono, situada en la parte norte de la plaza se encuentra el mayor templo cristiano de la ciudad, la Catedral Metropolitana.

En el año 1523, el conquistador Hernán Cortés mando construir esta obra del barroco, aunque no fue hasta el año 1813 cuando se dio por terminada.

La catedral es impresionante y lo mejor es que está llena de curiosidades, como por ejemplo que en la parte derecha, en la Capilla de las Reliquias se conserva bajo una cruz de plata una astilla milimétrica, la cual dicen que pertenece a la cruz donde fue crucificado Cristo.

Sin duda un lugar que mezcla la cultura con la religión.

Templo Mayor

Saliendo de la catedral, en la parte izquierda encontramos el Templo Mayor. Fue descubierto en 1978 gracias a que se encontró de manera fortuita un disco de piedra con la imagen de la diosa azteca Coyolxauhqui.

A partir de ese momento comenzaron las excavaciones del lugar, donde encontraron todo un subsuelo lleno de reliquias, esculturas y pinturas pertenecientes a la civilización azteca.

Si te gusta la historia de México antes de la conquista te recomiendo que entres al Templo Mayor, allí encontraras un video de unos 10 minutos que sirve de introducción y luego podrás visitar tanto las ruinas aztecas a pie de calle como el museo con los restos arqueológicos hallados.

Si no te interesa tanto la historia, yo te recomiendo que des una vuelta por fuera del yacimiento arqueológico, desde las alturas.

Seguramente todavía podrás ver a gente trabajando en busca de nuevos restos ya que se cree que solo está descubierto el 10%.

Seguimos caminando por la zona y nos encontramos con el Palacio Nacional, otro de los puntos de interés que hay que conocer en Ciudad de México. Hay que conocerlo y nosotros lo tenemos pendiente puesto que lo único que vimos fue su fabulosa fachada.

En la puerta hay un cartel donde pone que no puedes entrar ni con comida, ni con armas, pero no pone nada de que no puedas pasar sin pasaporte.

Tras decírselo tres veces y obtener siempre tres “no” como respuesta decidimos darnos por vencidos e ir otro día.

Avenida Madero

Después de visitar los cuatro puntos más importantes de la zona seguimos turisteando por una de las calles con más aglomeración de gente, la Avenida Madero.

La verdad que hay más vendedores que turistas, se acercan a ti y te ofrecen cualquier cosa, desde lentes, tarjetas de memoria, palos selfie, masajes, comida, hay pequeños puestecitos donde te limpian los zapatos, incluso un amigo me dijo que le ofrecieron un título universitario…

Aun así da gusto pasear por esta hermosa calle, además hay bastantes lugares por visitar, uno de ellos es el Palacio de Iturbide con su majestuosa fachada barroca, luego puedes hacer unas fotos a la Casa de los Azulejos y degustar la comida mexicana en el restaurante del interior.

El lugar que más me gustó de la calle es el Museo del Estanquillo, abierto de 10 a 18h y donde hay una gran exposición de fotografías que muestran cómo ha cambiado la ciudad a lo largo de los años.

Ya casi llegando al final de la calle nos encontramos por sorpresa con la Iglesia de San Francisco, en ella se observan los restos de un antiguo monasterio franciscano del siglo XVI.

Torre Latinoamericana

Ya desde lo lejos ves un edificio muy alto, fuera de lo común y con un estilo moderno, la Torre Latinoamericana

El lugar donde puedes disfrutar de las mejores vistas de la Ciudad de México. En 1956 fue el edificio más alto de toda Latino América y es conocido por aguantar numerosos terremotos.

Algunas de sus curiosidades son los 138 metros de altura con 44 pisos, 7 ascensores, 916 escaleras y puede aguantar hasta un sismo de 8,7 en la escala de Richter.

Sus ascensores tardan 29 segundos en llegar desde la planta baja hasta la número 39 donde hay un mirador con un precio algo desproporcionado de 100 pesos mexicanos.

Si decides pagar el precio poco económico, podrás disfrutar de unas vistas kilométricas donde ver desde las alturas como de grande es la capital del país y tener otro punto de vista a de la ciudad más grande de América.

Palacio de Bellas Artes

Justo al lado de la Torre Latinoamericana nos encontramos con uno de los símbolos de la ciudad o incluso de todo México diría yo.

El Palacio de Bellas Artes, es una estructura de mármol blanco con tres cúpulas pintadas de colores que van desde el amarillo al rojo.

La fotografía en este lugar es necesaria, el palacio imponente con el contraste de colores llama mucho la atención a cualquier persona que pase por delante.

En su interior hay varias exposiciones, además podrás admirar varios murales y cuadros de artistas mexicanos.

Sin duda uno de los lugares que visitar en la Ciudad de México.

Alameda Central

La sensación de tranquilidad en una de las ciudades más caóticas que conozco es lo que puedes encontrar en este enorme parque situado en el centro de la ciudad.

Pasear entre sus árboles, sentarse en uno de sus bancos, descansar un poco y hacer hambre para, ahora sí probar los famosos tacos mexicanos.

Nos alejamos un poco del centro, las calles no eran las más bonitas pero los puestos de comida seguían en cada esquina.

La variedad de comida es sorprendente, en 20 metros podías encontrar puestos de frutas tropicales que jamás había visto, de elotes o mazorcas de maíz en España, de quesadillas y por fin de tacos.

¿Como se come un taco?

Pues la verdad que no sabía, yo pedí un taco al pastor y me sirvieron una masa de maíz y huevo con un poco de carne encima.

Al lado tenía cebolla, lechuga, maíz, tomate, lima, pepino, una salsa verde, una salsa roja y otras cosas que no sabía lo que eran.

Le puse de todo un poco, incluso de las dos salsas, pensaría que harían una especie de salsa rosa, no sé. Y estaba claro, le di un mordisco y fue el último, ¿pero cómo puede picar tanto una cosa? No lo entiendo, ¿y cómo pueden los mexicanos aguantar tanto picante? Sigo sin entenderlo.

Deje el taco a un lado y pedí otro, ahora sin salsas y sin cebolla, no fuera el caso que también picara.

Y al fin comí algo sin picante y que estuviera bueno, realmente estaba bueno. La carne jugosa, acompañaba muy bien con los demás ingredientes y la lima por encima que le daba un toque ácido muy agradable.

Tres tacos más, ahora de cabeza, pata y de res.

Esa fue la primera impresión con los tacos, seguramente la comida que más vaya a probar durante mi estancia en este picante país.

Seguimos caminando sin sentido, sin rumbo, callejeando, perdiéndonos por la ciudad para encontrar nuevos lugares, así llegamos al barrio chino, a un mercado de artesanías cerrado y hasta nuestro hostal, donde el cambio de hora hizo que nos fuéramos a dormir temprano, o tarde, según en el lugar del mundo donde estés.

De Ciudad de México nos vamos con un sabor de boca picante y con ganas de volver a conocer todo lo que nos queda por descubrir, aun que tengo la sensación que ni en un año en esta ciudad podría disfrutar de todo lo que hay que ver.

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